¡DERRIBAN LA ESTATUA DE FERRER I GUARDIA!

Un hombre llora en silencio

Era el típico día frío de invierno belga, 27 de enero de 1915. El cielo amenazaba lluvia, pero la luz de la mañana se abría paso entre las nubes. Nadie parecía conocer a aquel hombre que permanecía quieto en una esquina de la Plaza Santa Caterina de Bruselas. Con los ojos húmedos de lágrimas, el hombre contemplaba el tinglado montado en torno a la Estatua que se disponían a derribar, el ir y venir de los obreros forzados a llevar a cabo la demolición, mientras los soldados del ejército invasor alemán, abrigados de tabardos y armados de fusiles, vigilaban que nadie no identificado pudiese acercarse al lugar.

Se puede decir que esta historia había comenzado en Barcelona, en 1909. El gobierno español creyó poder tapar el violento estallido de la Semana Trágica juzgando y condenando a muerte a quien las autoridades eclesiásticas y políticas consideraban su peor enemigo: el pedagogo anarquista Francisco Ferrer y Guardia, fundador de la Escuela Moderna.

El juicio y posterior asesinato ‘legal’ del maestro provocó una gran campaña de protesta en todo el mundo, que fijó la figura de Ferrer como uno de los mártires del libre pensamiento y para los anarquistas, un asesinato de estado más contra uno de los suyos. Hubo grandes manifestaciones en Ámsterdam, Roma, Lisboa, Berlín, París, Londres, Viena, Ginebra, Bruselas, Lyon, Trieste, Florencia, Buenos Aires o Montevideo. En Milán se declaró la huelga general.

Corría el año 1911. En Bruselas, una movilización popular, decidió levantar en la plaza Santa Catarina un gran monumento al pedagogo fusilado. El pedestal era obra del arquitecto Adolphe Potente y la estatua del afamado escultor August Puttemans. Antes de que las obras comenzasen, la embajada española llamó infructuosamente al alcalde de la ciudad, para que prohibiese el homenaje a “un personaje condenado en juicio militar” y contra cuya memoria, se había ordenado en España y Cataluña arrestar a toda aquella persona que tuviese en su casa un retrato del pedagogo, bien conocido por su ideario anarquista.

En 1913 hubo una petición internacional para revisar el juicio a Ferrer y Guardia y declarasen formalmente su inocencia, lo cual enfureció al monarca español que canceló su viaje previsto la Exposición Universal de Gante. Al estallar la Gran Guerra, el gobierno español de Eduardo Dato -estadista verdaderamente criminal contra el movimiento anarcosindicalista, amparando el asesinato de obreros por los pistoleros de la patronal y la aplicación de la ley de fugas a los anarquistas que caían en manos de sus agentes- intentó organizar una marcha de protesta en Bruselas para pedir la destrucción del monumento, mientras muchos ayuntamientos pedían su retirada.

Tras declararse la I Guerra Mundial, el ejército alemán invadió Bélgica en 1914. A principios de enero de 1915, la embajada española en recibía una comunicación del alto mando alemán conforme, “como gesto hacia el monarca español” (y animarlo a entrar en la Gran Guerra como su aliado), el 27 de enero, procedería al derribo de la estatua en honor de aquél a quien habían fusilado en los muros del cuartel de Montjuich.

El hombre permanecía quieto, mientras los obreros destrozaban la estatua. Los soldados de guardia se fijaron en él. Su llanto era en silencio. Pasaron las horas. Del monumento ya sólo quedaba el pedestal. Detuvieron al hombre del que nunca más se supo.

Pasaban los días y las semanas. Desde España varios amigos del maestro racionalista Federico Forcada López, discípulo de Ferrer i Guardia, colaborar de la publicación Humanidad Nueva, director de la Escuela Moderna de Irún y de la revista quincenal pedagógica Enseñanza Moderna y La Escuela Libre, publicada como órgano del Ateneo Obrero sindicalista, escribieron a sus conocidos en Bélgica. “¿Dónde está Federico?”, preguntaban. “Nada sabemos de él, desde que el ejército alemán invadió Bélgica”. Nunca hubo contestación cierta. “Desaparecido”, dijeron. “Nadie sabe cómo ni cuándo ni en qué circunstancias”.

Hoy la estatua en honor de Ferrer i Guardia puede admirarse en todo su esplendor frente al paraninfo de la Universidad Libre de Bélgica, restaurado también el pedestal, a cuyo pie puede leerse (en francés), “Francisco Ferrer fusilado en Montjuich el 13 de octubre de 1909, mártir de la Libertad de Conciencia”.

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