JOSÉ ALBEROLA NAVARRO

Nunca fueron identificados los asesinos del maestro anarquista

El 1 de mayo de 1967, en México – Distrito Federal, varios testigos, entre ellos el portero de la finca, vieron subir a cuatro jóvenes sombríos hacia el piso en que residía el distinguido profesor José́ Alberola Navarro. Todos reconocían amabilidad, valía intelectual y entereza moral del viejo maestro español. Nadie en toda la vecindad podía imaginar la horrible escena que seguiría a la entrada de aquellos cuatro hombres en la estancia del profesor anarquista.

Según la reseña de Stuart Christie, aquél día “se halló el cuerpo destrozado y torturado de José́ Alberola Navarro, padre de Octavio, un respetable profesor de literatura de setenta y dos años, atado, amordazado y ahorcado en su domicilio de la ciudad de México. No fue un crimen corriente. Llevaba la marca de un escuadrón de la muerte, un ritual similar a los de la Brigada Blanca, el escuadrón paralelo de la policía mexicana o quizá́ del Grupo Paladín de Otto Skorzeny, los asesinados ‘probablemente inexistentes’ de la Brigada Político Social española que, en esos mismos días, había declarado a Octavio Alberola, el activista anarquista hijo del profesor, como su enemigo principal.”

El Grupo Primero de Mayo (Sacco y Vanzetti), integrado por militantes anarquistas
españoles, nació́ oficialmente el 1 de mayo de 1966, tras llevar a cabo una acción de protesta espectacular. Ese día, miembros del Grupo secuestraron en Roma al agregado eclesiástico de España ante el Vaticano, monseñor Marcos Ussía, al objeto de exigir que el Vaticano hiciera pública una declaración apoyando una amnistía para los presos políticos españoles. Finalmente, el 11 de mayo, Marcos Ussía fue liberado por sus desconocidos secuestradores.

El fascismo español gobernante quiso tomarse la revancha. Tenia que evitar que aquella acción, dada la eficacia con que fue llevada a cabo y la extraordinaria repercusión internacional que obtuvo, aislase aún más al régimen franquista y animase la lucha clandestina en el interior de España. El 24 de octubre de ese mismo año la temida Brigada Político Social (la policía secreta política) detuvo a cinco anarquistas en Madrid, bajo la acusación de planear nuevos secuestros, entre ellos el del contraalmirante Norman G. Gillette, comandante en jefe de las fuerzas de EE UU en España. Antonio Cañete, Luis Andrés Edo, Alicia Mur, Alfredo Herrera y Jesús Andrés Rodríguez Piney, entraron en la cárcel.

El 8 de diciembre, el ingeniero Octavio Alberola voló a Nueva York para ofrecer una rueda de prensa clandestina y confirmar que el objetivo del Grupo Primero de Mayo era el alto cargo militar estadounidense. En el curso de la conferencia dio a conocer una carta dirigida al secretario general de la ONU denunciando la política y las injusticias de la dictadura franquista.

Mientras tanto, las autoridades españolas debatían sobre si a los cinco detenidos debería aplicárseles el Código militar y someterlos a Consejo de Guerra o ponerlos ante el Tribunal de Orden Público, especialmente diseñado para la represión política. En respuesta a la amenaza del Consejo de Guerra, los militantes del Grupo Primero de Mayo que permanecían libres y actuaban clandestinamente, raptaron el 25 de abril de 1967 por unas horas a la secretaria personal del embajador español en Londres. Era una simple advertencia, anunciadora de acciones mayores si finalmente se consumaba el Consejo de Guerra, lo que no ocurrió́.

Seis días después, el 1 de mayo -en una fecha de honda significación anarquista- era asesinado en México por personas desconocidas el padre de Octavio Alberola, José Alberola Navarro, un anciano libertario, maestro racionalista, discípulo de Ferrer y Guardia, activo sindicalista de la CNT, fundador de numerosas escuelas sindicales en las que se defendía el ideario racionalista y libertario, orador anarquista en cientos de campañas por toda la geografía ibérica, uno de los primeros afiliados a la Federación Anarquista Ibérica (FAI) en 1927, miembro del Consejo de Aragón durante la revolución de las Colectividades. Tras la guerra, a finales de 1939, se exilió con su familia a México. Le acompañaba un hijo de 11 años: Octavio.

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