ALFREDO LÓPEZ ARENCIBIA

Comienzo de la aventura anarcosindicalista / 1

Tras la independencia de Cuba en 1898, Alfredo López Arencibia figura, sin duda alguna, entre las personalidades más relevantes del movimiento obrero cubano de principios del siglo XX, sobresaliendo por su valor, capacidad organizativa y dedicación al fortalecimiento de la clase obrera. Su asesinato el 20 de julio de l926, llevado a cabo por sicarios y agentes policiales por órdenes directas del presidente de Cuba, el dictador Machado, conmovió a la clase obrera cubana, tanto por la crueldad del hecho, arrojando su cadáver al pie del Castillo en que le habían torturado y golpeado con barra de hierro, como la relevante figura del joven militante y sindicalista anarquista.

Nació el 10 de agosto de l894 en Sagua la Grande, en el seno de una familia pobre. Perteneció a la primera generación republicana de cubanos que sobrevivió los horrores de la guerra de l895 y la consiguiente “Reconcentración” de que fueron víctimas las familias más humildes de Cuba durante el colonialismo español.

Su educación escolar fue limitada al verse obligado a trabajar desde muy temprana edad, por lo que la robusta formación social que logró adquirir la consiguió de modo autodidacta, con la lectura y el aprendizaje de la lucha cotidiana que llevó a cabo.

Con catorce años se traslada a la ciudad de Camagüey para trabajar en la imprenta de Rogelio Zayas Bazán, quien, irónicamente, años más tarde sería uno de sus verdugos. En l910 viaja a La Habana donde ejerce como linotipista en la imprenta La Mercantil, junto al que sería su amigo, compañero de luchas e ideas anarquistas, Antonio Penichet. Ambos amigos, participan activamente en las luchas y conflictos sindicales que, en ese tiempo, protagonizaba el gremio de linotipistas. Fue en ese ambiente de intensa conflictividad obrera, cuando conoció a dos líderes anarquistas del gremio, Pablo Guerra y Rafael Serra, quienes le influirán y acentuarán, ideológica y prácticamente, el compromiso libertario del jovencísimo Alfredo López.

A los 19 años ya es un militante sindical, reconocido por sus compañeros de oficio, pues en 1913, ya forma parte de la directiva de la recién fundada Asociación de Tipógrafos en General (ATG), una organización obrera regida por los principios e ideales propios del anarcosindicalismo, y participa en la elaboración de la publicación anarquista Memorandum Tipográfico fundada en el siglo XIX.

Durante las movilizaciones de los obreros azucareros en 1915, llevadas a cabo en demanda de mejoras laborales y sociales y para denunciar las brutales condiciones a que se sometía a los trabajadores en las factorías e ingenios azucareros, la patronal, en connivencia con el gobierno, exige el secuestro del periódico anarquista “¡Tierra!” y la deportación de los trabajadores españoles, a los que se considera como anarquistas instigadores de la ola de protestas y huelgas. Alfredo López, al frente de la ATG, reafirmándose como líder sindical indiscutible, se movilizará enérgicamente contra estos hechos, exigiendo el fin de las deportaciones y la represión.

En l918, Alfredo López es uno de los organizadores del Comité pro Primero de Mayo, que, a partir de esa fecha, ya nunca dejará de celebrarse anualmente en Cuba. A finales de ese mismo año y en el siguiente, participará en las tres huelgas generales convocadas por el movimiento obrero cubano. En ese mismo año, 1919, y definiéndose abiertamente como anarcosindicalista, se integra a la Asociación de Escritores Obreros a la que también pertenecen sus compañeros Marcelo Salinas, Penichet y Serra.

López es uno de los que encabeza y anima en las calles las llamadas “manifestaciones de hambre”, y en las que se denuncia el asesinato impune de obreros por parte de la policía. En diciembre de 1919 es elegido como responsable general de la ATG, desde donde expresa la solidaridad de ese sindicato con la revolución que había tenido lugar en Rusia dos años antes. Sin embargo, este apoyo inicial será cuestionado y enseguida retirado en 1922, en el mismo momento en que, tanto los socialistas como los anarcosindicalistas españoles que participaron en el Congreso de la III Internacional celebrada en Moscú, informen sobre los cambios autoritarios en la Rusia de Lenin, con el establecimiento de la “dictadura del proletariado” y, sobre la feroz persecución de los anarquistas rusos en los soviets de Petrogrado y durante los funerales de Kropotkin. [continuará]

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