EUGÈNE VARLIN

El espíritu de la Comuna de París, 1871

Este año, 2021, se conmemora el 150 aniversario de la rebelión obrera de La Comuna. En razón de ello, traemos a estas páginas de memoria libertaria campanera la inolvidable figura de Eugène Varlín, uno de los más significados militantes de la Comuna de París. Su asesinato, el 28 de marzo de 1871, fue un horrible ejemplo de hasta dónde llega la barbarie humana, cuando el poder llama a la matanza de cuantos le hicieron tambalear.

No era propiamente un anarquista, aunque sus tesis colectivistas y sindicalistas coincidirán con las planteadas por Bakunin y, más tarde, por los anarcosindicalistas colectivistas. Sin embargo, en la discusión que enfrentó a Proudhon con Marx no dudó en alinearse con las tesis marxistas, por cuanto los proudhonianos, cooperativistas convencidos, eran indiferentes, cuando no reacios u hostiles al sindicalismo.

Varlin, que defendía a ultranza la propiedad colectiva de los medios de producción, consideraba, con toda razón, que Proudhon era excesivamente ambiguo en este aspecto esencial. Pero por otro lado, en modo alguno era partidario de que el Estado tuviese la propiedad de la tierra y de otros medios de producción como querían los marxistas. Al contrario, para Varlin la propiedad debía pasar a las Comunas locales o, cuando fuese imprescindible, a organismos federales establecidos por las Comunas, de abajo-arriba, como dirán los anarquistas años más tarde, y no de arriba-abajo, desde el Estado a la sociedad civil, como reclamaban los comunistas autoritarios.

«Quería que las actividades de la producción las realizasen en lo posible sociedades cooperativas nacidas de los sindicatos obreros; y consideraba esta actuación cooperativa como la esencia de la democracia colectivista … A este espíritu sindicalista iba unida una gran desconfianza hacia los políticos jacobinos y radicales de clase media, y una insistencia en que se mantuviese el dominio de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) en manos de verdaderos trabajadores …. (Varlin) era contrario al centralismo marxista y a sus opiniones sobre el estado».

Mas allá́ de las adscripciones ideológica Eugène Varlin fue «el nervio de las asociaciones obreras francesas de su tiempo. Infatigable, modesto, parco en palabras, hablando siempre en el momento oportuno … conservó siempre el sentido revolucionario que se enmohece frecuentemente en los obreros instruidos. Uno de los primeros, el día 18 de marzo en el alzamiento de la Comuna, constante en la labor durante toda ella, estuvo en las barricadas hasta el último momento». Así lo retrata el historiador contemporáneo Lissagaray.

Había nacido en 1839 en el seno de una familia campesina extremadamente pobre, pero en la que el padre, que carecía incluso de caballo que tirara del arado, teniendo que hacerlo él mismo, y el abuelo, un viejo republicano, lo sacrificaron todo para que el pequeño Varlin fuera a la escuela y no entrara a trabajar, como sus compañeros de edad, a los ocho años. A los trece, cuando ya sabe leer, escribir y las primeras reglas del cálculo, tiene que abandonar la escuela y empezar a trabajar en la casa de un tío suyo, encuadernador en París, aunque el parentesco no aliviará la suerte del jovencito. En esa casa permanece dos años, trasladándose en años sucesivos de taller en taller, pero siempre en la misma ciudad: París.

Durante ese tiempo, recorre los círculos obreros revolucionarios, quitando horas al sueño – el trabajo ocupaba entre 14 y 16 horas diarias – para poder leer y formarse en las vivas discusiones que se mantenían en los clubes de trabajadores. Con 20 años, decide instalar un pequeño taller para trabajar por su cuenta y así́, entre privaciones sin cuento, poder disponer de más tiempo para estudiar y organizar a sus compañeros obreros como él. En enero de 1865 se inscribe en la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), nacida hacía tres meses en Londres.

Pocos años más tarde, años de militancia obrera y austeridad vital para Eugène Varlin,el trabajo revolucionario del período precedente se manifiesta en el estallido social de La Comuna, la primera gran revolución obrera, en la que Varlin, como tantos otros, perderá́ la vida.

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