VII Época - 16

RECUERDO DE JOSÉ DE BRITO

De la acción insurreccional a la subversión revolucionaria 

Nos llegó la noticia a través de la revista anarquista portuguesa “Inquietaçao”: “No día 21 de Agosto de 1996 morreu, con quase 95 anos, o velho José de Brito”. El 25 de abril de 1974 estallaba en Portugal la denominada Revolución de los Claveles que puso término a la vieja dictadura salazarista, enfangada en guerras coloniales, en brutalidades sin cuento contra las poblaciones negras de Angola y Mozambique, pero también contra sus propios ciudadanos que -al igual que los españoles- vivían cotidianamente la muerte de la libertad.

Fuimos muchos los de este lado de la frontera que, por sentir como verdadera aquella imagen del soldado cerrando con un rojo clavel la boca del fusil, asistimos al estertor violento de nuestra dictadura cantando también la canción de Xosé Afonso. Algunos nos desplazamos a Portugal para reconocernos, para aprender y para encontrarnos. En Lisboa un activo, fuerte, barbado y casi viejo anarquista que hablaba un hermoso portugués argentinizado, fruto de sus andanzas por el cono sur de Latinoamérica, me ofreció́ su casa sin apenas conocerme. Era José de Brito.

José había emigrado muy joven a América. Desde el primer momento se integró en los grupos anarcosindicalistas .de la Federación Obrera de la Región Argentina (FORA), dedicándose a expandir la Idea que, contra lo que pueda parecer al escribirla y pronunciarla con mayúscula, no representaba ni recitado de verdades sagradas, a los que José de Brito era absolutamente ajeno. En la década de los años 20 -aquellos que la trapacería historicista dio en llamar Años Felices Argentina vivía una tensión social sin precedentes. Las organizaciones obreras desarrollaron una dramática lucha por mejorar las condiciones de vida y trabajo de millones de seres que vivían en la indigencia. A esa lucha se incorporó José de Brito, organizando huelgas, participando en tentativas insurreccionales y agrupando colectividades en base a los planteamientos ácratas. Fueron años de insurgencia, encarcelamiento y militancia.

Cuando el acoso policial -argentino y paraguayo- se hizo insoportable, a principios de la década de 1930 regresó a Portugal, aún reciente la implantación de la dictadura salazarista. Enseguida se sumó a la lucha contra el militarismo, desarrollando una actividad clandestina que mantendrá durante todo aquél triste periodo de la historia portuguesa.

Según comenta su amigo José María Carvalho, para José de Brito la «anarquía era un patrimonio de la humanidad y, consecuentemente, el anarquismo, en tanto que interpretación y acción visible de la anarquía, debía seguir la evolución de la historia de la humanidad». Por esta razón, mientras de joven asumió la lucha por la revolución social a través de las armas, la huelga general y la violencia insurreccional, hacia el fin de su vida adoptó posiciones más cercanas al pacifismo. Ya en 1974, cuando crea la Cooperativa Cultural Editora Fomento Ácrata y publica el periódico A Merda, José de Brito sostenía que el anarquismo debía enfrentarse a su grave crisis actual, recuperando el profundo sentido humanista que latía en la idea ácrata desde sus mismos orígenes, alejándose del alarde violento y desarrollando actividades más próximas a la desobediencia civil y la subversión de valores y dogmas del poder. Como el mismo decía: «Puede hasta suceder que los individuos tengan conceptos diferentes de la Revolución. No considero que un individuo sea revolucionario sólo por su vocación de alzarse en armas, de matar, de serie agradable hacer revoluciones muy sangrientas, de matar muchos enemigos. Son pruebas insuficientes y con muchos aspectos negativos. Para mi, la verdadera Revolución Social es aquella girándula de la historia y la civilización que se mueve progresivamente en el sentido de las agujas del reloj y es contrarrevolucionaria cuando se paraliza o anda hacia atrás. Sentimentalmente soy contrario al empleo de las armas de matar; también es porque el Estado tiene de ellas su monopolio y ejercicio. Pero me alegraré si el pueblo entero derrota la opresión, aunque fuera a golpes de azadón».

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