VII Época - 18

ARGENTINA: AURORA DEL MOVIMIENTO OBRERO

Buenos Aires 1.878: Huelga de los Tipógrafos

El sindicalismo anarquista es hijo del pueblo; puede decirse que nace en él, incluso antes de que el anarquismo se formulase como una filosofía política. Sus ideas básicas – federalismo, solidaridad, igualdad antijerárquica y anticapitalista- tenían raíces profundas y antiguas entre las gentes y pueblos condenados a incorporarse al trabajo asalariado, de modo que entre el anarquismo y el proletariado no se produjo encontronazo alguno, sino una continuidad natural, en absoluto forzada. Así ocurrió a los trabajadores tipógrafos argentinos, con motivo de las huelgas de 1878.

Dicen los historiadores que el primer sindicato «moderno» de La Argentina fue la Sociedad Tipográfica Bonaerense (STB), fundada en 1857. Se trataba de una asociación que, a diferencia de las corporaciones gremiales, religiosas, benéficas y/o de apoyo mutuo típicas de la época, se fija como objetivo “la emancipación del gremio” y “conseguir que los operarios sean siempre remunerados justamente”, aunque no faltasen referencias a “prestar socorro a los miembros que se enfermasen o imposibilitasen para el trabajo” o “proteger a los que necesiten auxilio justo”.

Pero si la STB es el “primer sindicato moderno”, será una escisión de esta entidad la que organice la “primera huelga moderna” de la historia argentina. Por supuesto que con anterioridad hubo otras huelgas en La Argentina, pero fueron huelgas de “resistencia”, esto es, peticiones desesperadas ante unas condiciones vitales insufribles, pero que no cuestionaban la pretendida legitimidad de los patronos o las autoridades para imponer el régimen de desigualdad y mando.

En la década de los 70 los debates en el seno de la STB se habían polarizado entre dos tendencias. Todos parecían estar de acuerdo en la necesidad de reclamar a los patronos unas condiciones salariales y de trabajo más dignas y soportables. Sin embargo, cada vez eran más los que discrepaban con la actitud contemporizadora de los dirigentes gremiales, que no lograban hacer valer sus demandas ante los empresarios. En 1877 se produjo la ruptura entre ambos grupos, de modo que los más radicales se apartaron de la STB y fundaron la Unión Tipográfica, con el inmediato propósito de cambiar de estrategia sindical.

Lo primero fue emprender una campaña de propaganda entre los tipógrafos, convenciéndoles de la necesidad del enfrentamiento abierto con los patronos. El francés Gauthier, nombrado presidente de la nueva organización, se dirigió a todos los talleres afirmando la necesidad de la huelga. Aunque en principio no parece lograr que la mayoría de los tipógrafos le secundasen, un suceso imprevisto permitirá comprobar hasta que punto calaban entre los obreros las encendidas palabras de los dirigentes de la Unión, algunos de ellos -como Gauthier- revolucionarios franceses, exiliados de La Comuna.

En 1878, varias empresas decidieron bajar los sueldos, asegurando que atravesaban una grave crisis. La reacción obrera fue inmediata. Nunca hasta entonces una asamblea de la Unión estuviera tan concurrida. Cientos de obreros asumieron la inmediata convocatoria de la huelga, que los dirigentes de la Unión se apresuraron a suscribir.

Más de mil tipógrafos secundaron el movimiento. Los periódicos dejaron de editarse y la práctica totalidad de las imprentas tuvieron que cerrar las puertas. Pese a los bajos salarios y la real amenaza de hambre para todas las familias obreras (la mayoría de los tipógrafos eran criollos, nativos), la huelga se mantuvo firme por más de cuatro semanas. A lo largo de un mes, los directivos de la Unión supieron mantener inconmovible la voluntad de los trabajadores. Finalmente, en una jornada memorable, los patronos aceptaron todas las demandas obreras: aumento generalizado de sueldos, abolición del trabajo infantil y reducción de la jornada de trabajo a diez horas en invierno y doce en verano.

La reacción de la burguesía argentina fue, primero de sorpresa y enseguida de indignación. Acusaron a los “revolucionarios” extranjeros, “socialistas y anarquistas” de estar detrás de la “belicosidad obrera”, “tan ajena al carácter nacional”. Pronto se desatará la furia del poder contra la Unión, hasta lograr disolverla. Para ello se valdrán de un instrumento precioso: la servidumbre de la Sociedad Tipográfica Bonaerense, pero esto ya será otro capítulo de una nueva historia.

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