VII Época - 26

BIÓFILO PANCLASTA

Amante de la vida, destructor de toda muerte

Amante de la vida, destructor de todo. Eso significa etimológicamente Biófilo Panclasta, el seudónimo elegido por el anarquista colombiano Vicente Lizcano. A lo largo de su dramática y ajetreada existencia, Biófilo supo dar extraordinario testimonio de aquel nombre, que más era desafío, declaración de principios y bandera que mero apodo. Por amor a la vida, no queda otra camino que destruir la muerte que nos rodea, esa muerte que adopta la forma de vida esclava, de explotación económica, de sumisión social. Claro está que para Biófilo Panclasta, del mismo modo que para todos los demás revolucionarios y anarquistas que con él se enrolaron, el término vida era sobre todo sinónimo de libertad (no habiendo esta, tampoco hay vida) y de libertad de todos, ya que dónde hay esclavitud, todos resultan ser esclavos y la cárcel de uno es prisión de todos.

Había nacido en 1879, en el pueblo colombiano de Chinacota, como hijo “natural” en el seno de una familia sumamente pobre. Según señala Nicolás Bourbaki (Biografía de Vicente Lizcano, Biófilo Panclasta – Plataforma Cultural Libertaria) “pese a las dificultades, pudo llegar a estudiar en la Escuela Normal de Bucaramanga, de donde es expulsado al manifestarse su temprana rebeldía política. Viene a Venezuela y en el pueblo de Capacho Nuevo (Estado Tachira) trabaja de maestro; allí conoce al joven Eleazar López Contreras (futuro presidente de la República) y juntos se alistan en las huestes del caudillo Cipriano Castro, que en 1899 derrocaría al gobierno de turno”.

Es en esta Venezuela de las luchas civiles, libradas por generales y caudillos en nombre de una libertad tantas veces prostituida como pronunciada, dónde Vicente Lizcano entró en contacto con las ideas anarquistas y revolucionarias que hasta los puertos de la nación sudamericana habían recién llevado los emigrantes europeos. Cuando en 1904 regresa a Colombia, ya usa el alias de Biófilo Panclasta, que nunca abandonará.

En su país intenta formar grupos revolucionarios, pero su actividad llega a conocimiento de las autoridades, que lo persiguen y fuerzan a huir para salvar la vida. Aquí “inicia una experiencia asombrosa de viajes, agitación política, publicaciones, destierros, prisiones intermitentes, debates, que lo lleva por medio mundo, conociendo quizás unos 20 países y quien sabe cuantas cárceles”.

En 1914 se le encuentra de nuevo en Venezuela, pugnando por derrocar al dictador Juan Vicente Gómez, pero cae en manos de sus secuaces. Durante siete años, desde 1914 a 1921, lo mantendrán “enterrado vivo en las mazmorras de Gomezuela ” -frase y palabra compuesta, Gomez (Venez)uela-, que dieron título a un panfleto de Biófilo, hoy perdido, en el que se denunciaban las terribles condiciones que imperaban en las prisiones bajo la dictadura.

Una vez liberado, sube a México y participa con los anarquistas libertarios magonistas en los últimos episodios de la Revolución Mexicana. Desde allí acude a Barcelona como delegado a un Congreso anarquista, pero, en breve, regresa a Sudamérica. Se detiene en Sao Paulo para intervenir en la organización de una huelga de los cafetales, que es duramente reprimida por el gobierno. “En 1924 el gobierno de Brasil lo encarcela en el terrible campo penitenciario selvático del río Oiapoque, pero huye a la Guayana francesa, y ese mismo año regresa definitivamente a Colombia” para participar en las cruentas luchas sociales que, una y otra vez, en la década de los veinte y treinta, ponen de relieve las durísimas condiciones de los trabajadores y peones agrícolas y mineros colombianos.

Si en 1927 se le encuentra en prisión, al año siguiente, se le halla en Bogotá, “donde impulsa el Centro de Unión y Acción Revolucionaria” y escribe su texto más conocido: “Mis Prisiones, Mis Destierros y Mi Vida”.

Durante los últimos años de su vida, y hasta su muerte, ocurrida en 1942, Biófilo continuará su indomable lucha contra el militarismo y la desigualdad social que corroen su país. Durante años vivirá en la extrema pobreza que comparte con la mayoría de sus paisanos … hasta que en 1939 muere su compañera Julia Ruiz y, tres años más tarde, fallece Biófilo, “en la soledad del Asilo de Ancianos de Pamplona”.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *