VII Época - 28

DE LOS PIRINEOS AL ALGARVE, EL IBERISMO CONSTITUYENTE

Nacimiento de la Federación Anarquista Ibérica (FAI)

El libro de César Antonio Molina sobre el iberismo cultural (Sobre el iberismo y otros escritos de literatura portuguesa. Edil. Akal. 1990), prologado por el escritor portugués José Saramago y epilogo del poeta español Ángel Crespo, ignora olímpicamente la única organización real y declaradamente ibérica de nuestros paises.

Pese a la acreditada fama literaria de los tres autores, ninguno de ellos fue capaz de ver o nombrar lo que, estamos seguros, en no pocas ocasiones tuvieron delante de los ojos, por más que declaren combatir aquel “sistema organizado de malquerencias y desconfianzas” -nacido al calor de los intereses de los poderosos de su tiempo y en contra de sus propios pueblos– que ha logrado históricamente separarnos, cuando no enfrentarnos, a los habitantes de la Península Ibérica y, con ello, consumar la artificial frontera, política y cultural, entre portugueses y españoles (signifiquen lo que signifiquen ambos gentilicios). No es mera casualidad que tan ilustres literatos, máxime cuanto abordan en su ensayo la cuestión del ‘iberismo’ (unión de Portugal y España), ni siquiera mencionen a aquella organización – la Federación Anarquista Ibérica- que se constituyó́ ibérica sin necesidad de declaración retórica alguna, por simple consecuencia de la hermandad que a todos los humanos debe unir, por encima de las artificiales divisiones nacionales.

Era el año 1927, cuando muchos grupos anarquistas españoles decidieron unirse y coordinar esfuerzos, disponiéndose a crear una organización de enlace. En aquellos momentos, España vivía los estertores de la Dictadura de Primo de Rivera, mientras en Portugal se había asentado la dictadura de Salazar.

Los anarquistas, percibiendo los grandes cambios que se avecinaban al empuje cada día más brutal de las dictaduras nacientes, sintieron la necesidad de crear una organización que coordinase eficazmente y dotase de cierta unidad la inmensa labor que los grupos de afinidad anarquistas venían realizando en lodos los campos, incluido el sindical. Esta necesidad ya había sido expuesta en ámbitos internacionales el año anterior por los libertarios ucranianos -la llamada Plataforma de la Unión General de los Anarquistas propuesta por Néstor Makhno y Archinov- que habían vivido en su país, en carne propia, toda la crudeza y exigencias de una guerra civil e internacional revolucionaria.

Para atender a esa necesidad de coordinación y unión, los anarquistas decidieron convocar una Conferencia en Valencia, que abriría sus puertas (en sentido figurado, puesto que la reunión era clandestina para las autoridades) el 25 de julio de 1927.

El testimonio de Jiménez Llop, testigo personal en las reuniones preparatorias de la Conferencia y asistente a la asamblea celebrada en Cataluña para elaborar el orden del día, es elocuente: «hacer una conferencia en donde se expusieran las urgencias, los problemas que se hubieran presentado y entre uno de ellos (no recuerdo quién lo propuso) fue la de dar carácter peninsular a lo que hasta entonces había tenido carácter nacional. Es así como se unían España y Portugal». Y continúa: «la idea de lo peninsular fue aceptada por los compañeros portugueses tras explicaciones, salvedades y aclaraciones. La correspondencia [entre los grupos constituyentes de la nueva organización] con el empleo de sobres timbrados, con nombre supuesto, profesión comercial y dirección imaginada, fue intensa

En el acto Inaugural de la primera sesión, un representante del Comité Nacional de la Federación Nacional de Grupos Anarquistas{FN de GA de España), saludó a «los camaradas lusitanos y vieneses que han muerto por la libertad, a los camaradas Sacco y Vanzetti y demás condenados y presos en el mundo”.

La cuestión de la Federación Ibérica se trata en la tercera sesión de la Conferencia, adelantándose la discusión, ya que los representantes portugueses tenían necesidad de regresar a su país. Las actas se redactan así: «Se acuerda dar por constituida la FAI compuesta por la Unión Anarquista Portuguesa, la Federación Nacional de Grupos Anarquistas de España y la Federación de Grupos Anarquistas de lengua española en Francia y que no es provechoso por eso crear un nuevo Comité sino que uno de los tres de estos organismos asuma temporalmente la representación de la Federación Anarquista Ibérica (FAI); que el cargo del Comité Peninsular se traslade periódicamente de un punto a otro, entre Portugal, Francia y España y que el Comité de la Unión Anarquista Portuguesa tome ahora a su cargo el Comité Peninsular con el auxilio y la información de los Comités Nacionales de Francia y España”.

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