VII Época - 29

DE LOS PIRINEOS AL ALGARVE, EL IBERISMO CONSTITUYENTE

Nacimiento de la Federación Anarquista Ibérica (FAI) / y 2

En respuesta al libro de César Antonio Molina Sobre el iberismo y otros escritos de la literatura portuguesa, que silencia la más importante y real contribución al iberismo habida en estos países durante la época contemporánea, decíamos en la primera entrega de este suelto que el 25 de julio de 1927 nació́ en Valencia una organización -la Federación Anarquista Ibérica (FAI)- que se constituyó ibérica sin necesidad de declaración retórica alguna, por simple consecuencia de la hermandad que a todos los hombres debe unir, por encima de las artificiales divisiones nacionales.

Si ya el acuerdo adoptado es suficientemente esclarecedor de la escasa relevancia que aquellos anarquistas daban a las artificiales fronteras de los países, mucho más revelador todavía fue el modo en que lo aprobaron, las anécdotas que acompañaron a tan importante decisión y el clima que se respiraba en la reunión en el momento de dotarse de una estructura peninsular.

Cuenta el testigo Jiménez Llop que alguien propuso “(no recuerdo quien, dice) dar carácter peninsular a lo que hasta entonces tenía carácter nacional. Es así́ como se unían España y Portugal … La idea de lo peninsular fue aceptada por los compañeros portugueses tras explicaciones, salvedades y aclaraciones” …

Una vez lanzada la convocatoria a toda la Península y a Francia (para reunir a los anarquistas de habla española en el país vecino), la primera dificultad que tuvieron que afrontar los organizadores de la Conferencia fue el paso clandestino de la delegación portuguesa hacia España. Según recoge Gómez Casas en su libro Historia de la FAI, la delegación portuguesa penetró por la frontera de Huelva y estaba compuesta por tres militantes, entre los que se encontraba el escritor y periodista de A Batalha, Quental, quien «hablaba despacio e intercalaba palabras españolas, esforzándose por hacerse entender».

Fueron atendidos por los anarquistas sevillanos, “que trabajaron admirablemente y no los dejaron un sólo momento ni en el viaje de ida ni en el de vuelta”.

Ya iniciada la asamblea, fue la regional de Cataluña, la que “propuso que fueran los compañeros portugueses quienes se hicieran cargo del primer secretariado de la FAI. Añadió́ el delegado catalán que los elementos de Cataluña, al hacer hincapié́ en la necesidad de la unión peninsular, no lo hacían menos en dejar bien claro que no consideraban que la organización lusitana viniera a ser algo así como una organización vasalla de la española y era precisamente para subrayar ese hecho que proponían que les correspondiese la representación del primer secretariado …”

Continúa Jiménez (en la citada versión de Juan Gómez Casas: Historia de la FA): «Hecha (la declaración de los catalanes) en tales términos, todos los participantes fijaron los ojos en los portugueses en el mayor silencio. Pero el silencio se prolongaba más de lo normal. Es que los compañeros lusitanos, con los ojos humedecidos, resultaba que no podían hablar»

Pasado aquél momento de intensa emoción, la delegación portuguesa tomó la palabra para hacer patente su afecto recíproco a quien demostraba estimarles de aquél modo, pero que en asunto de tanta transcendencia como la elección de sede para el Comité́ Peninsular de la recién creada organización anarquista, era necesario pensarlo bien, reflexionar sobre ello y convenir en «que el primer secretariado tenía que establecerse dónde había más regionales». Ya que los delegados catalanes habían manifestado la necesidad de que la elección no recayese en Cataluña, se optó por fijar la sede del primer Comité́ Peninsular de la recién creada FAI en Sevilla, que aceptó el reto, “a condición de que fuera efectiva una asistencia por parte del secretario catalán cesante”, como así ocurrió.

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