VII Época - 69

ARNEDO, 1932: ONCE ASESINADOS EN UNA MANIFESTACIÓN OBRERA

Esta fue la recompensa final que la autoridad ofreció a la solidaridad sindical

En la edición del 8 de enero de 1932 del periódico anarquista Solidaridad Obrera, editado en Barcelona, aparece la caricatura de un agente de la Guardia civil caracterizado como La Muerte, aludiendo en la crónica a la actuación de este cuerpo policial durante los sucesos ocurridos tres días antes en el pueblo de la Rioja de Arnedo.

“Habían pasado ya nueve meses desde aquel 14 de abril de 1931 en el que se había proclamado en España la II República, y un mes desde que se había aprobado la Constitución, prometiendo sus políticos a la clase trabajadora y campesina grandes reformas, que pondrían remedio a la terrible miseria del campesinado y jornaleros y a la despiadada explotación que sufría la clase obrera. Sin embargo, aquellas promesas quedaron en apenas nada, pese a la cada vez más intensa movilización social y conciencia revolucionaria de la clase trabajadora y campesina.”

En aquel tiempo, en la localidad de Arnedo, con apenas cinco mil habitantes, existía una fábrica de calzado, propiedad de Faustino Muro, quien anunció el despido de varios trabajadores, lo que provocó entre la plantilla un movimiento de solidaridad, exigiendo la vuelta al trabajo de todos los despedidos. Los empresarios desoyeron la reclamación de la plantilla, por lo que estos procedieron a nombrar un Comité de huelga, que debía iniciar el paro el martes siguiente, 5 de enero, hasta lograr la paralización de los despidos.

En esa misma fecha, se iniciaron las negociaciones entre los trabajadores y los propietarios, contando incluso con la presencia del Gobernador Civil y empresarios de otras fábricas de calzado, que deberían comprometerse a no realizar despidos. Todo parecía ir bien, hasta el punto de lograrse en pocas horas, un acuerdo, lo que los sindicalistas comunicaron al muy numeroso grupo de obreros que en los alrededores de la fábrica esperaban expectantes el resultado de la negociación. Se despertó la alegría. La muchedumbre de trabajadores en huelga, juntamente con otros vecinos y sus familias, acompañando a los dirigentes sindicales que se dirigían hacia el Ayuntamiento para firmar el acuerdo, avanzaron por la entonces recién renombrada como Plaza de la República, dispuestos a celebrar la vuelta al trabajo de los compañeros.

Fue ya en la tarde. En la Plaza central, además de los vecinos desarmados, permanecía apostado un grupo de 25 Guardias Civiles, ellos si armados, al mando de un teniente. De pronto, los agentes comenzaron a disparar a quemarropa sobre la alegre multitud, que huyó a la desesperada, dejando sobre la plaza los cadáveres de once personas, todas de la población civil -seis varones y cinco mujeres, entre ellos dos niños-, y más de 30 heridos.

Nunca se sabrá -ni en el momento, ni durante el ritual juicio farsa que se celebró a continuación, saldado sin castigo ni reproche alguno a los agentes- la razón de la matanza. Durante las semanas siguientes y en el juicio los jefes y números de la Guardia civil, contando con la evidente complicidad del Tribunal militar encargado del caso y las autoridades del segundo gobierno de coalición republicano-socialista, sabrán mantener un radical silencio, por más que trabado de mentiras, bulos oficiales, y balbuceantes excusas, que, una y otra vez, chocaban con la evidencia de no encontrarse arma alguna en el lugar de la matanza, ni nadie presentase heridas por balas distintas de las usadas por la Guardia Civil. Según los oficiales de la Guardia Civil, los manifestantes habrían “prorrumpido en gritos hostiles contra ellos llamándolos ‘lacayos del capitalismo’, llegando a sonar un disparo, y tras caer herido en un tobillo un cabo de la Guardia Civil (que en verdad no se hará presente durante el proceso, ni aparecerá el proyectil ni el casquillo presuntamente usados), la fuerza armada lanzó una descarga”. Otras versiones, dirán que los disparos tras el forcejeo de uno de los guardias civiles con un obrero que había sido víctima del ultraje inferido a su hija con anterioridad por el agente.

Noventa y tres años más tarde, el colectivo ‘5 de enero. Memoria y dignidad’, como viene haciendo cada año en Arnedo el 5 de enero, recordó a los once asesinados aquel día. Se paran y depositan ramos de flores ante la escultura de bronce en la que gritan “once trenzas de esparto salen de una plantilla de calzado como estelas hacia el cielo”, una por cada persona asesinada.

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