CONTROVERSIAS ENTRE AMIGOS

Cuestiones de suma (o poca) importancia

Antípodo y Odopitán son dos amigos anarcosindicalistas y campaneros. Cada lunes los encontramos en el local del sindicato pontevedrés enzarzados en fraternales discusiones.

Odopitán – La semana pasada, en relación a la aprobación de la Ley de Eutanasia, insistías en el contraste que, a tu juicio, se había producido entre el derecho a “una muerte digna” que reivindica una parte importante de la sociedad y las cuestiones en que pueda derivar esa reivindicación una vez el parlamento y el gobierno ‘la hagan suya’, lo que ya ha sucedido.

Antípodo – ¿La ‘hagan suya’? ¿Qué quieres decir?

Odopitán – Me refiero al hecho de que el gobierno haya incorporado esa demanda social en el sistema jurídico español en forma de una Ley orgánica de la mayor relevancia jurídica y, finalmente, dote material y financieramente el nuevo ‘servicio público” así creado que, según lo previsto, podrá ser llevado a cabo también en centros privados con financiación pública.

Antípodo – Lamento contradecirte. En cuanto un parlamento o gobierno, cualquiera que éstos sean y exhiban el color y retórica política que exhiban, hacen ‘suya’ una reivindicación social, por justa que sea en su origen, están condenados a pervertirla y desnaturalizarla.

Odopitán – ¿Cómo puede ser eso?

Antípodo – Una reivindicación social o sindical puede representar para sus promotores el inicio de un proceso real hacia la emancipación y la libertad. Y si efectivamente se logra, estimarse como una ‘conquista’ y un progreso hacia un mundo mejor. Sin embargo, esa misma reivindicación, en cuanto se fija como norma de Estado -con toda el aparato y andamiaje punitivo e ideológico que llevará incorporado a partir de ese momento y la transferencia de legitimidad que se produce a otros ámbitos de la actuación de ese Estado- derivará necesariamente, más pronto que tarde, en un factor de regresión y parálisis.

Odopitán – No es fácil admitir una afirmación tan tajante. Has de tener en cuenta que no todas las leyes pueden ser valoradas, social y éticamente, por igual. No merece el mismo reproche la “Ley Mordaza” que la “La ley contra la violencia de género”. Por otro lado, ¿Acaso una reivindicación social no puede ser incorporada a una Ley, con limpieza y claridad suficientes como para garantizar su satisfacción, sin causar daño social alguno?

Antípodo – A la segunda pregunta, respondo tajantemente: ¡No! Respecto de tu observación primera, considero que no se trata de comparar entre sí las Leyes particulares de un mismo cuerpo jurídico pues, en todo caso, cada una de ellas remite necesariamente a la otra, se complementan y actúan unidas sobre el cuerpo social.

Odopitán – Por más que las cosas en materia de justicia de estado y tribunales sean como tu dices, ¿No debemos apoyar una nueva Ley -por más Ley del Estado que sea- que, como la de Eutanasia, se limite a regular comportamientos, sin llegar establecerlos como obligatorios, y, objetivamente mejore la condición de vida de sus ciudadanos?

Antípodo – Soy muy consciente que distintas leyes, merecen por parte de la ciudadanía un nivel de preocupación, aceptación o reproche distintos. Y que esa circunstancia condiciona los tiempos y mediatiza las urgencias de la lucha colectiva contra el Estado y su régimen autoritario.

Odopitán – Eso no quiere decir que cada una de ellas -por ejemplo, Ley Mordaza, Ley contra la violencia de género, Ley de Reforma Laboral- presenten grandes diferencias entre si.

Antípodo – Esas diferencias son insignificantes ante el hecho de que todas ellas -cada una a su modo, cada una en su ámbito específico- cumplen la función propia del Derecho como instrumento institucional decisivo para el sostén del régimen de explotación y desigualdad vigente, actuando siempre en favor del privilegio, el dinero y el poder mismo.

Odopitán – ¿A que te refieres? Regresemos al comentario en torno a la Ley de Eutanasia.

Antípodo – A medida que vamos conociendo pormenores de la nueva Ley, se va confirmando punto por punto, la advertencia que hacíamos: “Con la promulgación de la Ley de la Eutanasia, el gobierno y el parlamento no buscan ni pretenden satisfacer una reivindicación justa y necesaria”, del mismo modo, que el manejo del dinero para implementarla tampoco se regirá por ninguna de clase de altruismo ni de moralidad, sino en función del interés económico y, en todo caso, los juegos de poder y reñida competencia entre los grandes clanes capitalistas por hacerse con las mayores porciones del pastel ofrecidos por el estado (sanitario, educativo, infraestructuras, etc), ya acostumbrados a negociar con la muerte y el sufrimiento ajenos.

Odopitán – Bien morir es anhelo del que todos los humanos participamos y, en su caso, ha de ser decisión libre, en tanto que consciente, independientemente de la regulación y protección que pueda ofrecer la Ley de la eutanasia. Aunque no sea por razones virtuosas, la cuestión es que se acaba de aprobar una Ley reparadora, que nos devuelve la tranquilidad de poder ayudar al necesitado.

Antípodo – Estás completamente equivocado. De la mano de la Ley, ni de esta ni de ninguna otra, nunca jamás llegará esa tranquilidad. Durante una semana, un mes, si quieres un año, se mantendrá en muchos optimistas ciegos el firme convencimiento de haber resuelto una injusticia, pero esa confianza se verá finalmente frustrada ante la realidad de que la Ley traicionará a no tardar mucho la confianza depositada en el Estado.

Odopitán – De nuevo, llega el final de nuestra conversación, cuando se suscitan nuevos puntos de necesaria controversia. Hasta pronto, amigo mío.

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