VII Época - Dossier nº 3

DESDE LA RAÍZ

En esta situación pre-congresual en la que nos estamos topando a nuestro lado -que no en el bando de enfrente ni en la “otra clase”-, en nuestra misma organización, con la miserable condición fratricida que supone la obsesión por expulsar a quien no se somete y se rebela, con la vileza necesaria para urdir infamias contra quienes obstaculicen su “triunfo”… En fin, con la perversión moral que conlleva la ambición de conquistar el poder y la miseria personal a la que se llega para conseguir situarse en el aparato que ejerza ese poder, a quienes queremos seguir en una organización que, además de definirse anarcosindicalista, ejerza como tal nos vendrá muy bien leer unos párrafos de un topógrafo vigués que falleció hace 100 años. Son estos:

“…La fuerza real del proletariado la diversidad de su acción… La eficacia está en el conjunto y para lo futuro, no para lo presente.

De momento, todo ello es de escasa consistencia. No resolverá la huelga el problema social… no ganará la propaganda de tal modo los corazones y los cerebros que imponga a todos el imperio de la razón y de la justicia… no hará la rebeldía el milagro de cambiar de la noche a la mañana todas las cosas que son en todas las cosas que deben ser; pero éstos y otros instrumentos de lucha, conjuntamente, educan, preparan, impulsan y allá en el porvenir, próximo o remoto, darán el resultado que por tan diversos caminos se busca; la emancipación integral de los humanos.

Hacia ello vamos. Cada uno dentro de sus previsiones, de sus juicios, de sus medios. Cada uno con su fuerza y con su saber. Cualesquiera que sean nuestras divergencias, también hay para todos un denominador común: la conquista del pan, la conquista de la libertad, la conquista del saber y del sentir y del gozar.

Y así es como se lucha proletarios. La inteligencia es fuerza; la fuerza es inteligencia. Esgrimiendo vuestras armas económicas habéis aprendido que hay algo más allá del horario. Ejercitándoos en la cultura del entendimiento, habéis aprendido que el ideal es una fuerza poderosa, que hay también algo más allá del trabajo igualitario y libre, que no basta con poder trabajar cómodamente y comer lo preciso, porque las necesidades… no son únicamente la naturaleza fisiológica, sino también de orden moral e intelectual.

Hacéis, pues, bien los que contendéis por la remoción continua de la vida práctica y también hacéis bien los que lucháis por el continuo cambio de la vida moral e intelectual….”

Ricardo Mella

[“Como se lucha”, publicado en Acción Libertaria. Gijón, 14 de abril de 1911]

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