ALFREDO LÓPEZ ARENCIBIA

Voluntad y organización anarcosindicalista en Cuba / y 2

En la anterior hojita genofontiana de Memoria Libertaria (La Campana VI Época, nº 24 del 22.12.2020), recordábamos la figura del sindicalista Alfredo López Arencibia, una de las personalidades más relevantes del movimiento obrero cubano de principios del siglo XX.

Describíamos entonces, como con catorce años, en 1908, se traslada a la ciudad de Camagüey para trabajar en una imprenta, y, dos años después, a La Habana, dónde participa activamente en las luchas y conflictos sindicales que, en ese tiempo, protagonizaba el gremio de linotipistas. Fue en ese ambiente de intensa conflictividad obrera, que el jovencísimo Alfredo López se compromete con el ideario anarcosindicalista, que ya nunca abandonará, hasta su asesinato por sicarios de la patronal y el gobierno de turno.

A los 19 años es ya un militante sindical reconocido, formando parte de la directiva de la recién fundada Asociación de Tipógrafos, una organización obrera regida por los principios e ideales propios del anarcosindicalismo. Desde esa responsabilidad orgánica, coordina las huelgas que llevan a cabo los tipógrafos habaneros en demanda de mejoras salariales y laborales.

Con motivo del Primero de Mayo de 1920, se produce una huelga de los tipógrafos en la que López juega un papel coordinador importante, lo que le lleva a la cárcel. Con todo, nada más salir de prisión, en el mes de noviembre, participa en las reuniones previas para la fundación al año siguiente de la Federación Obrera de La Habana, que celebrará su I Congreso en 1923. dos años después de haberse constituido. Alfredo López será el principal inspirador de las propuestas e iniciativas que finalmente serán aprobadas por práctica unanimidad en el Congreso. Desde su posición anarcosindicalista, busca convencer a los delegados, para transformar las asociaciones y gremios en verdaderos sindicatos militantes y extender la organización a otras provincias y localidades de la isla, y llegar a construir la Confederación Obrera de Cuba.

Este ilusionante objetivo, se logrará en el llamado II Congreso Nacional Obrero celebrado en la ciudad de Cienfuegos, en febrero de 1925. Ese mismo año, el Secretario en el gobierno del dictador Machado, tratará inútilmente de intimidar y corromper a López.

El III Congreso Obrero se celebrará en Camaguey, con la participación de sindicatos, hermandades, uniones, gremios y asociaciones obreras, sumando en total 128 colectividades y 160 delegados en representación de más de 200,000 obreros. De los 160 delegados no todos eran anarcosindicalistas -aunque sí la aplastante mayoría; también había representación de los sindicatos reformistas y cuatro de procedencia marxista-leninista. En todos ellos, prendió la filosofía sindical de López, quien, de acuerdo con los principios anarquistas y unificadores que sostenía, fue capaz de reunir por primera vez en la Confederación Nacional Obrera de Cuba a la gran mayoría de la representación obrera del país. La letra, las consignas, las disposiciones, las proposiciones, tácticas y principios, en fin, todo lo acordado, de forma y de fondo, era anarcosindicalista.  Entre lo acordado destacan el principio antipoliticista, el llamamiento a la lucha de clases, el boicot, la acción directa y la negación a adherirse a la III Internacional de Moscú, por su carácter autoritario y político-estatal.

El asesinato del destacado líder anarquista del sector ferroviario, Enrique Varona, en septiembre de ese año, provocó la protesta enérgica de la Confederación, lo que unido a la violencia insumisa desatada por la clase obrera, dirige todo el odio de la dictadura de Machado hacia López, siendo encarcelado con otros líderes obreros junto a Julio Antonio Mella, quien también protesta con una huelga de hambre en presidio.

En enero, Alfredo López es puesto en libertad. Sin hacer un alto en el camino, al contrario, se dedica a reorganizar el sindicato fabril junto y, continúa su protesta contra los métodos represivos de Machado. Por todo ello es nuevamente encarcelado y amenazado de muerte si no pacta con el gobierno.

López, que era un hombre valiente y de principios ignora las amenazas y sigue con su labor de tipógrafo de noche y como líder obrero durante el día, sin tomar medidas de seguridad ante las amenazas, continuó viajando solo y en tranvía. Esta actitud valiente es precisamente lo que le da ventaja a sus victimarios que, el 20 de julio de l926, lo asesinan por la espalda por órdenes directas del presidente Machado, cuando López iba a cumplir 32 años de edad.

Su asesinato, llevado a cabo por sicarios y agentes policiales por órdenes directas del presidente de Cuba, el dictador Machado, conmovió a la clase obrera de todo el país, que no dudó en paralizar la producción. Siete años más tarde, el 24 de agosto de l933, después de caer la dictadura de Machado, fueron encontrados los restos de Alfredo López en las faldas del Castillo de Atarés y, según la autopsia que se le practicó, había sido herido de muerte con un golpe en la cabeza, perpetrado por la espalda con una barra de hierro y luego enterrado.

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