VII Época - 31

GOGLIARDO FIASCHI / 1

Llegó la paz, pero la injusticia (y la guerra) permanecían

Finalmente, tras dura enfermedad, llegó la muerte. Todos los amigos la esperaban desde hacía tiempo, pero no por ello la breve carta recibida fue menos dolorosa:

«En el día de hoy [29 de julio de 2000] falleció́ Gogliardo Fiaschi. Los compañeros que estábamos aquí́ [Carrara, Italia], acudimos a despedirlo bajo el inclemente sol estival, recitando las viejas canciones: Addio Lugano Bella, Figli dell’ officina y Vieni o Maggio. Después alguno gritó: ¡Gogliardo, Viva la Anarquía!».

«Gogliardo Fiaschi era una voluntad indómita, que no habían logrado domeñar los nazis y fascistas que se habían hecho con nuestra querida Italia, ni la mafiosa Democracia Cristiana de la post-guerra, ni las torturas en las cárceles españolas franquistas, ni la dura enfermedad que afrontó en los últimos años de su vida. Ni siquiera la muerte logrará acallar su afán de justicia y libertad, que permanece vivo en nosotros y vivirá́ en nuestros hijos gracias a su ejemplo, a sus hechos, a su vida extraordinaria -dijo en voz alta uno de los presentes-».

En 1930, Pietro y Nella Delvecchio, dos conocidos anarquistas de la región de Carrara, tuvieron un hijo al que llamaron Gogliardo. Aunque la pobreza era grande y apenas ningún bien material podría encontrarse en aquél lugar obrero, Gogliardo creció felizmente arropado por el calor de la familia, aún cuando su padre tuviese que sufrir la persecución de la policía fascista. El niño heredó de Pietro y de Nella el rechazo a toda injusticia y una extraordinaria voluntad de lucha contra los responsables de tanto sufrimiento que había por todo el mundo.

El 8 de septiembre de 1943 aparece en los libros de la historia oficial como el día de la II Guerra Mundial en que las tropas aliadas desembarcaron en Italia y el dictador Mussolini fue arrestado por el gobierno de Marshal Badoglio. Pero para el niño de trece años que contempló la precipitada huida de la guarnición militar de Carrara, fue una tarde extraordinaria. Aquél día comenzó́, casi como un juego más del niño que aún era, un largo y duro batallar contra los fascismos y contra la injusticia. Gogliardo se dedicó́ a recoger y esconder las armas ligeras abandonadas por los militares desertores para entregarlas a los grupos partisanos que operaban en la región. Bien sabía el niño donde estaban los de su bando, los de su familia, los de su gente humilde de Carrara y donde estaba el bando enemigo, los del nacionalismo fascista, los opresores.

Tres meses después de aquél luminoso día, Gogliardo ya formaba parte del grupo partisano “Gino Lucetti”, dedicándose a transportar material y guiar huidos hacia los refugios clandestinos de la Resistencia. En aquella arriesgada tarea nadie podía permanecer mucho tiempo sin ser localizado por la policía, por lo que, todavía adolescente, en diciembre del 44, hubo de integrarse en las partidas armadas que combatían directamente a las fuerzas fascistas y de ocupación hitlerianas. A partir de este momento, la biografía juvenil de Gogliardo se confunde con la de los combates por la liberación del fascismo de numerosas ciudades italianas: Módena, Fanano, Pavullo, Sestola, Sassuolo … Años más tarde, el jefe del grupo Gino Lucetti, reconocería ante el general aliado H. Alexander el extraordinario coraje manifestado por el joven guerrillero.

Llegó finalmente la Paz y la Liberación. Millones de muertos y una desolación planetaria fueron el fruto más verdadero de aquella fatídica contienda. El alivio por el final de la guerra ni siquiera hermoseó la Paz y la Liberación que vinieron. También Gogliardo, como cientos de miles de esperanzados resistentes antifascistas, comprendió́ que el final de la hecatombe no traía consigo el fin de la injusticia social y la desigualdad. Ni siquiera el comienzo de un tiempo de verdadera esperanza para millones de personas. Todo indicaba que aún quedaba librar una nueva contienda. La de los oprimidos contra los opresores, de los aplastados en todo el mundo contra las potencias victoriosas, que muy pronto escenificarían su discordia sobre las espaldas de decenas de naciones, de miles de pueblos y de millones de personas. Gogliardo regresó a Carrara e inmediatamente se dispuso a librar de nuevo la batalla contra la injusticia …, pero esto ya es la memoria libertaria que hemos de seguir en la próxima semana.

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