VII Época - 33

HISTORIAS DEL 1º DE MAYO

Huelga en la Nibou Senju Kaisha (Japón) en 1927

Aquél año la sangrienta represión que el gobierno japonés dirigía contra los anarquistas seguía cobrándose innumerables víctimas. Humi Kaneko, la anarquista acusada de atentar, juntamente con su compañero Boku Retsuno, contra el emperador decidió suicidarse en la cárcel para escapar de la “justicia” estatal, que la habría condenado a muerte. Tenía solo 21 años. Era el 23 de julio de 1926.

El primer día de ese mismo mes, se cumplía el 50 aniversario de la muerte de Bakunin, de modo que japoneses decidieron desafiar la cárcel y la muerte, dedicando un mitin en Tokio a su memoria. Repartieron carteles, en los que figuraban los nombres de los seis libertarios que iban a hacer uso de la palabra, pero fueron detenidos y encarcelados.

Sin embargo, pese a la durísima represión, la influencia de las ideas anarquistas crecía en todo Japón. Ese mismo año se constituían la Federación de Sindicatos Anarcosindicalistas (“Jiyu Rengo Dantai Zenkoku Kaigi”) y la Federación de la Juventud Negra (Kuro Seinen Rengo) e iniciaban la publicación de sus periódicos respectivos, “Federación Libertaria” (Jiyu Rengo) y “Juventud Negra” (Kuro Seinen).

Un año más tarde, durante el invierno de 1927, miles de trabajadores organizados en los sindicatos anarquistas, se dispusieron a reclamar mejoras laborales y sociales y denunciar las durísimas condiciones de trabajo que sufrían, semejantes en todo a la esclavitud.

En la fábrica Nibou Senju Kaisha de Tokio, 180 hombres y 60 mujeres decidieron afiliarse al sindicato anarcosindicalista y plantear sus exigencias laborales. Pero el empresario respondió́ despidiendo a dos trabajadores y negándose a discutir cualquier reivindicación.

Los obreros celebraron enseguida una tumultuosa asamblea, que exigió́ la readmisión de los dos compañeros injustamente despedidos. Al negarse el patrón, toda la fábrica fue a la huelga, pero sin abandonar las naves, antes bien, procediendo a la ocupación del recinto. Era el día 21 de abril.

El empresario llamó a la policía, que acudió́ con rapidez al lugar, como siempre hace al llamado del dinero. Numerosos agentes cercaron completamente la fábrica, impidiendo a los familiares y compañeros de los encerrados que les suministraran alimentos o piezas de abrigo.

La noticia del sitio policial a la fábrica Nibou Senju Kaisha corrió como la pólvora. De modo imprevisto para la autoridad, pareció́ estallar la solidaridad obrera. Decenas de empresas y establecimientos decretaron también huelga, que no cesarían hasta la readmisión de los despedidos en la Nibou Senju Kaisha, y menudearon los ataques anónimos a la casa del patrón, que llegó a tener que refugiarse en la propia Jefatura de Policía.

Como recoge Víctor García (en Museihushugi, el anarquismo japonés): “Después de cinco días algunos trabajadores, ya de por sí subalimentados, empezaron a desfallecer, pero cuando fueron llevados al hospital el doctor se negó a atenderlos. Fue precisa la presencia amenazadora de los grupos de acción sindicalista para que el juramento de Hipócrates se cumpliera y los enfermos fueran aceptados”.

Faltaban pocos días para el 1º de Mayo, cuando el sindicato celebró una reunión, en la que se decidió́ celebrar ese día una concentración y un mitin delante mismo de la fábrica.

Llegado el 1º de mayo, por la noche, un hombre se encaramó a lo alto de la chimenea de la fábrica y, una vez allí́, a 30 metros de altura, desplegó una gran bandera negra. Nadie pudo convencerlo de que bajase. “Permaneceré́ en este lugar y ondeará aquí́ esta bandera negra mientras los compañeros no sean readmitidos y sus exigencias reconocidas”.

12 días permaneció́ en tan difíciles condiciones, sin comida ni más agua que la de la lluvia. Solo bajó, cuando supo que sus compañeros de la Nibou Senju Kaisha habían sido readmitidos. Pero la feliz historia de solidaridad y hermanamiento obrero que vivió́ la ciudad japonesa entre la noche del 1º de Mayo y el 12 de ese mismo mes, será́ el asunto para otra hojilla campanera.

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