CARLO TRESCA, “RETRATO DE UN REBELDE” / 2
Un anarquista en el movimiento obrero norteamericano
En la anterior hojita genofontiana (La Campana, VII Época, nº 85) recordábamos los primeros años de militancia de Carlo Tresca, cuando, a partir de 1907, se incorpora a la lucha social libertaria y sindical anarcosindicalista, en los gremios de la Industrial Worker of the World (IWW). Acabábamos el relato en 1912 y 1913, con la participación de Carlo Tresca en las huelgas que libraron los trabajadores del textil en Lawrence, Massachussets (1912) y de la seda de Paterson (febrero y finales de julio de 1913).
Tras estos episodios, Carlo Tresca empezará a ser conocido en los ambientes del movimiento obrero norteamericano, de una a la otra punta del país, con el sobrenombre del “Toro de Lawrence”, en alusión a la exitosa gran huelga del ramo textil, ocurrida en esta ciudad, en la que él había destacado como eficaz organizador y convincente orador.
En 1916, se le encuentra como uno de los organizadores de la IWW en la Cordillera de Mesabi, en el norte de Minnesota, donde los mineros declararon el 2 de junio una huelga indefinida en reclamación de la jornada laboral máxima de ocho horas y mejoras tanto en las condiciones laborales como salariales.
La cordillera de Mesabi, era una importante región minera de hierro, con decenas de empresas y miles de trabajadores, principalmente inmigrantes, mal pagados, mal tratados y con frecuentes accidentes en las galerías. La huelga logrará la implicación durante cuatro meses de varios miles de mineros, sufriendo constantes enfrentamientos violentos contra los sicarios de la patronal y los funcionarios encargados de hacer cumplir la insufrible legislación del trabajo. Muchos de los líderes de la huelga fueron encarcelados, entre ellos, Carlo Tresca, quien logró escapar por muy poco de su linchamiento, tras haber sido acusado falsamente de asesinato e inculpado por «conspiración con vista de cometer un asesinato». Solo las protestas de la IWW lograrán librarle de una muerte segura. Con las huelgas, los mineros lograron la jornada laboral de ocho horas y un fuerte aumento salarial pero también, con los mineros exhaustos debido a la fuerte represión y grave necesidad sufrida por las familias obreras, se resintió la fortaleza del IWW, que no logró imponer el ‘contrato laboral’ que reivindicaba.
En estos años se libraba en Estados Unidos un amplio debate sobre la posible intervención de EE UU en la I Guerra Mundial y la posición a adoptar respecto de la Revolución Rusa.
Ya en 1917, nada más producirse en la inmensa Rusia la abolición del zarismo y el acceso al poder del estado de Lenin y los bolcheviques, Tresca manifestará abiertamente su simpatía con la revolución, lo que le acarreará ser sometido a un proceso judicial con el objetivo de expulsarlo del país. Por muy poco se librará de la deportación, que sí sufrirán otros compañeros anarquistas y sindicalistas amigos suyos, como Emma Goldman o Alexander Berkman. L’Avvenire, el periódico que Tresca había iniciado en Nueva York desde 1913, fue cerrado y su sucesor Il Martello, mantendrá una abierta confrontación con las autoridades censoras, siendo una y otra vez incautadas sus ediciones.
Durante los primeros años 20, Tresca, aunque ya no compartía sus métodos o su valoración positiva del poder del estado, siguió considerando a los comunistas autoritarios como aliados en la lucha sindical y social contra el fascismo, colaborando con ellos en asociaciones como la Alianza Antifascista Italiana de Norteamérica. Por más que el entusiasmo inicial por la Revolución en Rusia pronto se irá enfriando, a medida que se iba conociendo la transformación de los ideales revolucionarios en una dictadura, cada vez más alejada del sueño emancipador de la clase obrera y campesina. De esta época datan sus primeras críticas a la deriva autoritaria que sufrirá la revolución rusa, sobre todo a partir del momento en que Stalin se apoderó de la III Internacional, a partir de 1921.
La ruptura definitiva con el comunismo autoritario y estatalista no se producirá hasta 1934, cuando los agentes estalinistas intenten romper la huelga de los trabajadores de los hoteles de Nueva York, acusando a sus líderes sindicales de estar ‘animados y al servicio de los trotskistas’. El enfrentamiento adquirirá una dimensión todavía más agria y mayor dureza, cuando el Partido Comunista de España, controlado por los agentes de Stalin, intrigue con las autoridades catalanas y españolas republicanas, para aplastar violentamente el movimiento anarquista de Cataluña y Aragón durante la guerra civil española. (continuará)
